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GigaPost (2): La Vanguardia, el Gatopardo y las canciones de Julio Iglesias
HerminioJF.-Tras recorrer en vano seis quioscos valencianos esta mañana en busca de la nueva La Vanguardia, uno se pregunta porqué el Conde de Godó no ha aplicado más a menudo en su diario aquel aforismo literario de Tomasi di Lampedusa que tan apropiado se muestra en el marketing para periódicos: “Si queremos que todo permanezca como está, dejemos que todo cambie”. Pero 18 años después de su revolucionaria renovación visual y tecnológica, que colocara a LV a 10 años de distancia de sus homólogos madrileños, la respuesta se encuentra rápidamente en el ejemplar de hoy: Cambios los justos. Y no nos podemos quejar de que no avisaran, ya que llevan días anunciando en su obsesiva campaña publicitaria que nada iba a cambiar “en el fondo”. Pero desde luego lo que se ha cambiado “en la forma” en contraprestación, tampoco es que haya sido gran cosa.
Así que La Vanguardia no ha llevado hasta sus últimas consecuencias la frase de Il Gatopardo y ha dejado la reestructuración visual que esperábamos los más optimistas en un mero retoque de pintura: Han reducido su tamaño por las necesidades de la nueva rotativa, pero ni el más vetusto de sus suscriptores echará de menos ese par de centímetros de papel perdidos. Han introducido el “full color”, pero desde 1989 se empleaba con intensidad desde la misma portada y paulatinamente en todos los suplementos y páginas interiores posibles, así que tampoco es que hayan asaltado la Bastilla de la cuatricomía con los escasos elementos tipográficos y tramas coloreadas introducidas.

En la práctica, al igual que hiciera The Times en Noviembre de 2006, este rediseño ha sido básicamente una actualización tipográfica que sustituye a la Times New Roman (Morison, 1931) y la Futura (Renner, 1927), por la Mercury (1996, H&FJ) y la Taz (De Groot, 2001), pero con un esfuerzo mimético de tal calibre con el anterior modelo que tan solo sabrán apreciarlo los “gourmets” del diseño (entre los que me incluyo) agradecidos por el más mínimo gesto que aparque a los tipos que no han sido reformulados desde la llegada de los ordenadores en el lugar que se merecen en las hemerotecas. Todo limpio y arregladito, desde luego, pero también lo estaba antes y uno no se encuenta nada que realmente parezca nuevo. Desde luego anda bien lejos de la sofisticación y precisión de diseños como Público o el Economista y mantiene una línea contunuista con la manera de diseñar de los 90, sin querer decir necesariamente que eso sea malo: Al menos ningún sesudo lector les minusvalorará, como hacen con Público, porque les recuerda a los diarios gratuitos.
Incluso sorprenden ciertos gestos revisionistas del anterior rediseño. La economía tipográfica es más intensa que antes: se elimina la titulación en Interestate (Frere-Jones, 1993) del cuaderno Vivir y se sustituye por la omnipresente Mercury, que incluso ha acabado unificando tipográficamente la venerable sección de esquelas de este periódico. Nadie puede negarles la coherencia: al fin y al cabo TGorría me recuerda que hasta ayer los anuncios necrológicos de La Vanguardia comunicaban los decesos con Futura, para solaz de los aficionados al humor negro. Por otra parte estructuralmente incluso se muestra más convencional que ayer, porque deja de mezclar la rejilla de cinco y cuatro columnas, y se queda en cinco fijas salvo pequeñas excepciones. Lo que sí se mantiene, (aunque más moderadamente), es el uso de su particular contraste de los titulares en redonda y cursiva sin ninguna razón funcional que lo justifique; quizás la mayor revelación de aquel rompedor “estilo americano” de Milton Glaser que buscaba la identidad propia de La Vanguardia llevando la contraria en lo posible a la inexorable arquitectura centrouropea de la maqueta de El País (Reinhard Gäde, 1976).
El cambio (sin duda una mejora), es tan débil, que visto lo visto uno se pregunta a qué se han dedicado durante estos 2 años (el proceso renovador comenzó oficialmente en Septiembre de 2005), los quince diseñadores que aseguran en las notas de prensa que han participado en el proyecto. Siento la irrefrenable curiosidad de saber en qué se quedó el proceso de consultoría con el “Dream Team” de Innovation (Errea, Zarracina…) culminado con la redacción de un Plan Estratégico de renovación en 2006. Y sin dudarlo pasaría la noche de hoy rebuscando en la incineradora de residuos urbanos de Barcelona para descubrir qué demonios se ensayó tanto en las 5.000 páginas de prueba que dicen haber elaborado durante este tiempo. Aunque reconozco que juzgo con la severidad del rediseñador que se ve obligado a trabajar solo para remodelar un diario completo en 6 meses, porque me temo que esta nueva Vanguardia 2007 no es más que la versión depurada y limitada de algunas buenas ideas que acabaron condenadas por el editor a guardarse en un cajón...o a expresarse solamente en los suplementos del diario.
Porque es en el área de suplementos el único lugar donde podemos aún esperar cambios notables. Durante los últimos años los proyectos gráficos de Pablo Martín para Culturas de los miércoles, Dinero, la Revista y el Magazine del domingo, o el deportivo Match de los lunes han sido los verdaderos ejes motores de la creatividad del diario. Y visto lo visto parece que va a seguir siendo así, por lo que esperamos con ansia que ese buen trabajo se mantenga (aunque leo que la Revista de los Domingos causa baja). Iremos viendo en los próximos días: El nuevo suplemento de estilo de vida “ES” de 64 páginas es el próximo objetivo a seguir.
Y otro aspecto a tener en cuenta durante los próximos días será el trabajo del nuevo Redactor Jefe de Infografía, Jaume Serra, que vuelve a “sentar cabeza” en una redacción desde su regreso a Europa tras triunfar en el argentino Clarín para dedicarse durante casi una década a tareas de consultor y “freelance”. Situar de nuevo a la infografía de La Vanguardia en la primera línea que perdió en los últimos años no debe ser fácil, así que mejor no darle prisa. Aunque habrá quien verá como un anticipo de sus “travesuras visuales” este recorrido que publican hoy con las columnas de texto evocando la barriga de una embarazada.

Y desde luego si algo ha cambiado de un día para otro en La Vanguardia es su organigrama: Hasta 22 nombramientos nuevos, así de golpe. En cuanto al diseño destaca el ascenso de José Alberola al puesto de Subdirector de Arte y la inesperada eliminación del Director Adjunto de Arte; Junto con la redactora-jefe de diseño Rosa Mundet, el enérgico e inimitable Carlos Pérez de Rozas ha desaparecido del staff del periódico. Ya se sabe que las mudanzas destacan entre las causas de divorcio, pero nunca imaginaría que un “no rediseño” podría quebrar de manera semejante la estructura organizativa de un diario.

Uno de los cambios más notables. La “contra” antes...y después.

No somos pocos los que nos preguntamos las razones del cese de Carlos Pérez de Rozas y qué deparará el futuro a este auténtico icono de la docencia del periodismo visual en España (Descargar aquí artículo de la revista Visual, en PDF). Pero si admite sugerencias, ya que contó en su día las interioridades de aquel mítico rediseño de Milton Glaser del 2 de octubre de 1989, quizás debería ir pensando en escribir el libro de “Cómo no se rediseñó La Vanguardia el 2 de octubre de 2007″. Por que la explicacion de “Cómo se rediseñó La Vanguardia en 2007, versión oficial”, parece bastante previsible y se resume bastante bien en los límites del editorial de hoy y en la letra del siguiente videoclip.
Julio Iglesias, La Vida Sigue Igual, 1969
- Diego Areso de Quinta Tinta muestra su decepción en La Vanguardia, efectivamente, no ha cambiado demasiado
- Paginario completo de la edición del martes 2 de octubre de 2007 en Maquetadores
- Paco Oca homenajea Carlos Pérez de Rozas en Maquetadores.
Más sobre la oleada de rediseños en CuatroTipos:
- El nuevo diseño de Público en GigaPost: El diseño de Público y el ‘delay’ de The Edge





