4t. Un micropost para colgar un video fallero que he encontrado navegando por ahí.
Al parecer se trata de un noticiario norteamericano de 1947 en la que se hace una breve reseña de las fallas de ese año. Vale la pena esperar unos dos minutos antes de que aparezca la Valencia de hace mas de sesenta años. Si algún amable visitante puede ilustrarnos sobre los comentarios estaríamos muy agradecidos de compartirlos. Salut i bunyols. Apareció el amable visitante y nos dejó la traducción:
“En el Día de San José, Valencia celebra el tradicional festival de las Fallas. Todo el mundo participa. Nadie mide las grotescas tallas (Fallas), a las que se les prenderá fuego una por una en Valencia.
Levantadas con papel antiguo y madera, la construcción de estas enormes figuras conecta con la naturaleza graciosa y los temores del ser humano. Los artistas trabajan durante varias semanas para levantar estas Fallas a las que, cuando se acerca el final de las fiestas, las tracas de petardos anuncian su destrucción. Durante 400 años, Valencia ha organizado la locura favorita de la ciudad.
A medianoche, las antorchas encienden los fuegos, dejando paso al climax de un día festivo y deshaciendo el trabajo de varias semanas, pero nadie se entristece. Es parte de un espectáculo tan colorido como éste”.
TGorria.- No puedo dejar de denunciarlo. Ayer pasé un mal trago cuando acudí a mi colegio electoral a cumplir mis deberes demócraticos. Cumplo el rito, cojo unas cuantas papeletas para el congreso, elijo una y la introduzco en el sobre blanco. Todo correcto. Pero ay! Cuando toca el turno de introducir en el sobre salmón la del Senado (ese ente abstracto, por otra parte, que nadie sabe muy bien para que sirve) uno se acuerda del lumbreras que diseñó la maldita papeleta. Y es que no es ni más ni menos que eso, un problema de diseño editorial (aquello que se alguien definió como la adecuación optima entre forma y función). Un formato sábana (yo juraría que es sensiblemente mayor que en otras convocatorias electorales) que es casi imposible plegar adecuadamente para que cumpla su función. Y así pasa lo que pasa, que el número de papeletas nulas triplica a las del congreso, también por el hecho de que no se especifica con claridad el procedimiento de cumplimentación de las candidaturas. Es bastante lamentable que toda la retórica de la importancia del voto choque frontalmente con la desidia a la hora de revisar las herramientas que nos ofrecen para ejercerlo, y que con un asesoramiento adecuado (o simplemente con la comprobación anterior de su utilidad) podría resolverse y garantizar que los ciudadanos podamos votar con facilidad. Una visita a la web del Ministerio del Interior (esa que actualizábamos ayer cada dos minutos) revela datos significativos, que deberían dar que pensar a más de uno: Comparen.
Es decir, que mientras que en el Congreso las papeletas nulas o en blanco han sumado un 1,76 % en el Senado casi se triplican (4,28%). Se trata del voto de más de un millon de personas, presuntamente escamoteados por una cuestión fácilmente corregible. No entiendo esa diferencia si no se achaca a un factor ajeno a la voluntad del elector, y (para mí esta bastante claro) las sospechas recaen en el defectuoso diseño de las papeletas.
Quizá este devaneo postelectoral pueda parecer baladí, en un día en el que todo el mundo habla de derrotas dulces, del tsunami bipartidista (un saludo, Gaspar) o de la posibilidad de exiliarse de esta Baviera Levantina (Murcia también) que nos ha tocado vivir, pero en un blog como este resulta de lo más apropiado. Solo un consuelo; al menos, las papeletas no estaban compuestas en Comic Sans.
JPÉREZ: Como saben, la Ley d’Hondtes el sistema de reparto proporcional de escaños usado en el sistema electoral español. También funciona en muchos otros países. La ley, inventada en el siglo XIX por Victor d’Hondt, belga como Tintín, sirve para repartir proporcionalmente tanto votos como piruletas. Les he hecho a ustedes una tabla donde creo que se entiende bastante bien. No es tan difícil.
TGorria. Ya prometí una segunda entrega del “trabajo” de Tomas Gorria Rubio, el señor padre de quien esto escribe. Si en el primer capítulo se mostraban algunas de las miniaturas que ha ido fabricando en estos últimos años, ahora presentamos otra faceta (para mi más interesante) que podríamos encuadrar en algo asi como ilustración en tres dimensiones.
¿Para una portada del Marca?
El doctor Frankestein
Galileo Galilei
Luis Pasteur
Se trata de caricaturas sobre personajes históricos, o de ficción, filtradas por el peculiar estilo del señor Tomás, en las que destaca cierto tono naif, y que poseen un encanto que me resulta difícil describir, aunque me parece evidente que lo tienen. Técnicamente comparten las mismas características de la primera entrega. Habilidad manual y facilidad para convertir pequeños elementos cotidianos (hilos, clips, chinchetas, tornillos) en brazos, ojos, o todo tipo de cachivaches. Si son buenos los personajes aislados (genial el árbitro, no?), cuando se combinan con maquinas u otro tipo de ambientación y se crean escenas como la del gabinete del doctor Frankeistein la la cosa llega a rozar lo sublime (no, no me pierde mi pasión fraternal). En fin, lo mejor es que veáis las imágenes (recomiendo el modo presentación) y juzguéis por vosotros mismos.
El gabinete del doctor Frankestein
Gutenberg inventando la imprenta
Marconi con su invento
Ya comente que el señor Tomás no le da mucha importancia a estas cosas que hace, pero yo creo que podrían perfectamente funcionar como ilustraciones tridimensionales en revistas o libros (incluso en periódicos), al poder elegir cualquier ángulo o encuadre de manera bien sencilla, (las fotos están hechas con una cámara digital sencillita y por un fotografo aficionado como yo) e incluso las composiciones podrían mejorar con un poco de photoshop). Por todo ello tengo su permiso para que en caso de que algun lector (editor, publicista, diseñador..) sintiera interés por su trabajo, se dirija a esta dirección de correo (gorria@mac.com) para hablar de posibles encargos.
Tomás Gorria. Enfrascados como estamos en el devenir cotidiano, nos perdemos pequeños placeres como pasear por nuestras ciudades. El casco histórico de Valencia, Ciutat Vella, es especialmente interesante para perderse sin rumbo fijo por sus calles y callejuelas. A mi me gusta ir con la cámara y encontrar pequeños detalles de su pasado. En el caso que nos ocupa, este descubrimiento me produjo una especial satisfacción. Había visto la foto, y conocía de su existencia, aunque no recordaba donde se encontraba.
Me acerqué a la puerta de los apóstoles de la Catedral para completar una pequeña galería de “rostros góticos” que comence con los de la Lonja (ver lote en flickr) y me topé con este escudo, del cual da referencia Vicenç M. Roselló en “La Façana septentrional de la ciutat de València” (un libro muy recomendable, por otra parte para los amantes de la historia de Valencia y su imagen gráfica):
Del primer periode medieval cristià, relativament inmediat a l’islàmic, sorgeix la que pot ser qualificada com a primera imatge de València: es tracta del ja conegut escut fluvial de la ciutat. D’aquest escut, que en paraules de l’apòcrif mossén Jaume Febrer, personatge de ficció divuitesca, representa “una ciutat bella, sobre aygua corrent”, només se’n coneixen tres exemplars originals, fet que els atorga un valor excepcional. Aquesta representació, mostra d’identitat, hauria de ser utilitzada pel Consell general de la ciutat, com a emblema durant un curt espai de temps, fins al 1377, data documentada en que s’acordà tornar a emprar les quatre barres”.
Una pequeña aproximación histórica a la primigenia “identidad corporativa” de Valencia. Una cuestión interesante, sin duda, sobre la que volveremos próximamente.