JPÉREZ: Sacó su carta de pantones sin siquiera pestañear. La soltó y cayó como un taco de plomo sobre la mesa larga de La Gallineta preparada para 10 comensales. Pantones. DObiol miró los colores «uncoated» de reojo mientras tomaba una Beck’s de 5 grados, una alemana de alma suave y genio bravo que fabrican en Bremen desde 1873. En La Gallineta, el restaurante de las cervezas sorprendentes, había tomate.
La carta de pantones era de Victor Palau, un elemento de la naturaleza que tiene refugio en su soleado estudio de la calle San Vicente. Aun no estaba la carta de pantones quieta sobre la mesa cuando DObiol ya había medido el tono de la Beck’s: verde pantone 362 en botella y dorado 115 en el líquido interior. Si esto no es una enfermedad, necesitamos otra opinión médica.
Con Victor llegó Angel Tipodé, con su misterioso portapapeles de cuero a la espalda, presuntamente lleno de nuevas tipografías elaboradas en su taller de Godella. Tras ellos, Dídac Ballester escoltó a los tres pesos pesados de la reunión: el homenajeado Andreu Balius, Paco Bascuñán el único y José Luis Campgràfic Martín, el editor imprescidible. Todos tomaron asiento y fueron pidiendo sus Beck’s puntualmente. Mientras tanto, Gorria y yo, sentaditos cerca del russafí Jaume (inklude) Mulet, contábamos hasta 10 y ya estábamos todos. ¿Todos? No. Faltaba HJF, exiliado en Sevilla por un asunto de trabajo. Aun está lamentandose por no haber podido asistir.
LA TIPEUÀ:
Una de las 235 ideas por segundo a las que es capaz de desafiar Tomas Gorria, le recogió una vez el guante: preparar una fideuà con sopa de letras. Tomás la ensayó en su casa junto al resto de los CuatroTipos y fue un éxito, así que pedimos al chef de la Gallineta que nos hiciera otra para la ocasión. Y eso hizo. Entre plato y plato de arroz de pescado con cigalas y un estupendo cordero a la menta, la gran sorpresa de la tarde para estos enfermos de tipografía fue una tapita de Tipeuà sobre la que se pronunció Balius: «Sin duda, esta hecha con Fontsoup», dijo.
EL VINO
La Gallineta no defraudó. Tras sus entrantes de olivitas variadas, morcilla frita con manzana, y esgarrat, ya saben lo que pasó. Y para pasar, mejor que pase con vino: un Mestizaje 2006, de bodegas Mustiguillo, se portó como esperábamos. Su etiqueta reconoce 14,5 grados, pero sospechamos que se queda corta. Bravo por nosotros. La llluvia de ideas que salió de la comida dará para otra reseña.
TGorria. He de confesar que la idea no es original, la escuché por boca de alguien que no recuerdo en el primer congreso de tipografía de Valencia, hace tres años. Creo que al final no se hizo, así que mientras no se demuestre lo contrario, ésta podría pasar a la historia como la primera tipeuà, y si no es así, que nos quiten lo bailao.
Así que el pasado martes convoqué en mi casa a los amigos de 4T, compré en la pescadería de mi pueblo (la de Pepe, en Rocafort) un arreglo para una fideuà de 4 raciones y emulando a los pescadores de la Safor a los que la tradición adjudica la invención, obvié comprar los fideos, sabiendo que en casa tenía dos paquetes de pasta de sopa de letras. La sesión de fotos la podéis encontrar en esta página de flickr, que incluye una descripción de la receta, no sé si muy ortodoxa.
Al final, bien está lo que bien acaba, y en la paella quedaron pocas letras (89 caracteres sin espacios, para ser exactos). Los compañeros de 4t comentaran su versión de la jugada. Todo vuestro.
JPEREZ.- El lagarto, en las civilizaciones animistas precristianas, era una criatura consagrada a la luna. Para los egipcios y los griegos representaba la sabiduría divina y la buena fortuna. Sin embargo, para los zoroastristas y los cristianos es símbolo del mal, el demonio mismo, vamos.
Sargantana eligió este símbolo, la lagartija, el lagarto, como imagen de marca. Afortunadamente es un restaurante, no un lugar de culto, y el conocimiento de la vieja simbología sólo está al alcance de los que disponen de un buen diccionario de símbolos.
Miren ustedes: la comida decepcionó. Al camarero le dijimos que sí, que todo estupendo. Pero fue por lástima. Al wok de verduras con langostinos le sobraba el plural en los langostinos, porque sólo tenía un bicho. Pese a todo, creo que fue el mejor plato. El atún a la plancha que tomo tipo HJF era respetable y simple, pero los fideos secos de su primero estaban bastante pegaditos y pastosillos. El solomillo de cerdo a la plancha resultó seco y algo desguarnecido. Tipo Gorria tomo un primero inclasificable (tres pedazos de algo rebozado de forma triangular) y después de tomarlo siguió sin poderlo clasificar. Tipo Dobiol me acompañó con el wok de langostinos y, tras acabarlo, torció el gesto. No estaba mal, pero ambos le añadimos sal. El atún, las verduras y la carne eran de calidad, pero sin chispa en su ejecución. Salimos a unos 15 euros por barba con un Somontano blanco de una variedad de uva muy famosa en las orillas del Rhin, la GEWÜRZTRAMINER.
El vino y el precio, son lo mejor del restaurante. Para amantes de las dietas ligeras.
ACTUALIZACIÓN: Realmente, no estuvo tan mal. Después de una lectura desapasionada de mi propio texto, creo que restaurante Sargantana no se merece tamaña descalificación. Quizá las espectativas previas a la comida eran demasiado altas, pero no debo olvidar que es un menú económico y que Sargantana cumplió con su precio. He comido en sitios mucho peores, más famosos y más caros. De hecho, si leen atentamente el texto llegarán a la conclusión de que la comida que tomamos fue correcta, aunque no de nuestro gusto. Tipo Dobiol sostiene que por la noche el menú cambia bastante y mejora el producto. Rectificar es de sabios, pero aun así yo también rectifico. Lo mejor será que vayan y prueben. Pese a todo, coincido con la opinión del compañero Quique. Lo pueden leer si clican en comentarios de este mismo artículo.
Para amantes de las materias primas sin mucho aderezo.
Dobiol. Como ya sabréis este año se cumple el 50 aniversario de Helvética, la famosísima tipografía creada en 1957 por Max Miedinger la fundición Haas’sche Schriftgießerei (también conocida como Haas). Originalmente titulada Neue Haas Grotesk, esta ubíqua sans serif es el máximo exponente de modernidad y universalidad, además de tenerel honor de ser el primer tipo de imprenta adquirido por el MoMA. Prácticamente ninguna otra escritura impregna el espacio urbano como esta tipografía lo ha hecho, casi sin interrupción, desde su nacimiento.
En la último evento cuatrot(r)ipos, realizado el pasado 9 de mayo en Sargantana (esta vez elegí yo -con suerte dispar- y tiré para mi barrio), surgieron disquisiciones sobre el uso de la tipografía con recursos culinarios. No se consiguieron grandes avances, pero es un campo con grandes posibilidades. En este línea de tipoterrosrismo gastronómico, los chicos del estudio Cultural Domain, con base en Bath (UK) celebraron el 50 aniversario de la Helvética como toca: con un pastel.
Más homenajes. El gratuito ADN se sacó de la chistera el pasado 3 de mayo este bonito homenaje en portada y doble a color. En su día no pudimos hacernos con un ejemplar, pero gracias a nuestro colega Miguel Ángel Puerta (aka Lobo) podemos referenciarlo.
El pasado 24 de marzo se presentaba Helveticafilm, de Gary Hustwit , “Una largometraje independiente acerca de la tipografía, el diseño gráfico y la cultura visual global. Es también un vistazo a la proliferación de una tipografía como parte de una conversación más grande sobre la manera en que la tipografía afecta nuestras vidas“. La única ciudad española que figura en el cronograma de la proyección es Barcelona, aunque aún no está establecida la fecha, así que tendremos que conformarnos con youtube: