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Diseño periodístico y más.

Beowolf, o el retorno de la tipografía aleatoria

HerminioJF.-Cuando escribimos manualmente una letra, nunca la trazamos de la misma manera. Siempre habrá un ligero cambio, un giro de muñeca menos cerrado, o algún punto de presión más acentuado que la vez anterior que escribimos una “h” o una “t”. Aunque nuestra letra manuscrita siempre es reconocible y existen puntos de coincidencia que la definen, hay tantas variables que influyen en la manera en que escribimos en cada ocasión, que los grafólogos son capaces de determinar gracias a esas variaciones a veces poco perceptibles si nuestra novia nos había abandonado, o si vivíamos un momento de exultante felicidad cuando firmábamos el recibo de la hipoteca.

Sin embargo la tipografía (primero mecánica, hoy digital), está basada en moldes, en formas prefijadas repetidas e invariables. Cuando escribo en la tipografía que leen las líneas de este post (Verdana, cuerpo 10), esta letra “a”, siempre es igual a esta “a” o a esta otra “a”. La tipografía, por definición, es previsible: Gianbattista Bodoni tardaría días a finales del siglo XVIII para resolver la altiva “B mayúscula” de la tipografía que lleva su nombre, pero desde entonces el azar desapareció de esa B, que siempre se representará igual, con sus dos ojos simétricamente idénticos, despojándole de cualquier humanidad con su impecable perfección. Al menos, mientras la tipografía era mecánica, los moldes de madera o plomo ofrecían resultados más o menos irregulares cada vez que se imprimían, ante las ligeras diferencias en el entintado, en la presión, en el desgaste de la pieza…pero ninguna de esas imperfecciones son perceptibles con la tipografía diseñada e impresa digitalmente, que hace de la precisión y la continuidad su razón de ser.

Emigre Magazine.

Ray Gun Magazine, diseño de David Carson.

Pero en los albores del diseño tipográfico por ordenador, muchos tipógrafos se rebelaron contra esas formas exactas y regulares, creando una corriente estética fuertemente implantada en los 90, denominada por algunos “posmodernismo tipográfico”. Sus acólitos se negaban a aceptar las formas prefijadas y experimentaban con los efectos de desgaste del papel y las texturas irregulares de la reprografía. Desenfocaban y deformaban los tipos para crear tensión y sensación de urgencia, poniendo contra las cuerdas cualquier principio de legibilidad. Contemporáneos al “grunge”, que representaba en lo musical ese estilo áspero e inconformista, diseñadores como David Carson (Su obra The End of Print de 1995 es uno de libros más vendidos de la historia sobre diseño gráfico), publicaciones como Emigre Magazine, o incluso títulos de crédito de películas como Seven (1995, Kyle Coopper, Imaginary Forces), son referentes de ese movimiento iconoclasta y radical en el que se buscaba ante todo una reacción emocional del lector/espectador ante la experiencia lectora, sin que la comodidad de la lectura fuera en absoluto un valor preferencial.

Títulos de crédito de Seven (Kyle Cooper, 1995)

Y precisamente en ese momento dos jóvenes diseñadores holandeses, Just van Rossum y Eric van Blokland, decidieron dar otra vuelta de tuerca a la rebelión tipográfica. En 1990, mezclando diseño y programación, aprovecharon las posibilidades que el nuevo lenguaje de descripción de página Postscript permitía para crear una tipografía con una función incorporada que creara variables aleatorias imprevisibles cada vez que dicho tipo se imprimiera. Nunca dos veces el mismo tipo de letra se representaba exactamente igual, siempre habría alguna variación en su forma que la convirtiera en única e irrepetible. Ellos además negaban que eso afectara a la legibilidad: “Cierta variación e irregularidad es placentera para el ojo y esa igualdad no es tan necesaria; al fin y al cabo podemos leer perfectamente texto manuscrito o letras sobreimpresas sobre imagenes televisivas en movimiento”, decían. A ese tipo imprevisible le llamaron FF Beowolf, como el héroe épico anglosajón, aunque se equivocaron al escribirlo y no usaron la forma correcta: Beowulf. ,Ya saben, como en la película 3D recién estrenada.

Beowulf, la película.


Beowolf, la tipografía.

Beowolf, la primera “randomfont” o tipografía aleatoria de la historia, apenas sí superó la categoría de experimento. Las variaciones no se podían ver en pantalla, tan solo se “descubrían” cuando una impresora las imprimía y pocos querrían diseñar algo sin ver antes qué aspecto real acabaría teniendo. Además, la lentitud del procesamiento del lenguaje postcript era tal en aquella época que la impresión se ralentizaba exasperantemente y… ¿cómo imprimirlas en cuatricomía, si en cada plancha aparecería con una forma distinta?. Finalmente los fabricantes de ordenadores e impresoras, que no estaban muy por la labor de facilitar el trabajo a las tipografías “no estandar”, decidieron “boicotearla”. Los “drivers” y los sistemas operativos dejaron de tolerar las “travesuras” arbitrarias de Beowolf y desde finales de los 90 los programas de Adobe (Illustrator, Photoshop, Acrobat…) no quisieron admitirla, interpretando su aleatoria variación como propia de una “fuente errónea”. Como todas las modas, también el desestructurado movimiento “postmodernista” a lo David Carson en Ray Gun fue perdiendo fuelle, y como escribe Roger Black, fue dando paso al amergente minimalismo “neomodernista” a lo Neville Brody en Arena. Así que Beowolf sencillamente pasó a ser una anécdota tipográfica propia de manuales de diseño, pero sin utilización práctica, a pesar de que la web 100types.com la incluye, bajo el número 61, entre las 100 tipografías más importantes de la historia.

Este es el efecto de Beowolf impreso en CMYK. Como en cada una de las 4 planchas las letras se representa de una manera aleatoriamente diferente, no hay manera de “casar” los colores.

Sin embargo desde hace unas semanas hay una segunda oportunidad para esta anarco-tipografía. FontShop ha anunciado que ya se ha puesto a la venta la versión Open Type de Beowolf. La tecnología Open Type (OT), que ha venido a sustituir a los archivos tipográficos True Type (TT), no solo posibilita que un mismo tipo de letra pueda ser instalado indistintamente en los PCs o los Mac, para evitar problemas de compatibilidad; Su principal ventaja reside en que los OT han pasado de 256 caracteres disponibles por fuente a más de 60.000. Así que aunque Open Type no permita “tipografías aleatorias”, es posible crear múltiples variables de un mismo carácter en la misma fuente. En el caso de Beowolf OT, para cada carácter se ofrecen 10 versiones distintas, en cuatro anchuras diferentes, una cantidad de variables que imita el aspecto del azar.


En los anuncios de comida industrial se intenta evocar falsamente una producción casera y artesanal, algo muy criticado por las asociaciones de consumidores.

Por lo tanto parece que la tipografía Beowolf ha vuelto, y esta vez para quedarse… pero, ¿es un buen momento?. Probablemente sí. Hace unos años parecía que el mobiliario y la arquitectura iban encaminados a recurrir tan solo a la impecable precisión de las superficies lisas del acero, el cristal y el plástico, sin embargo últimamente nos encontramos cada vez más con superficies rugosas, paredes irregulares, ladrillos cara vista, cerámica y madera. Si antes volvíamos de nuestros viajes cargados de “souvenirs” de molde de plástico inyectado, hoy nos empeñamos en regresar con “artesanía”, piezas únicas e irregulares. Y las empresas de alimentos precocinados y pizzas congeladas buscan clientes apelando en sus anuncios a las recetas tradicionales de nuestros antepasados (Pero…¿Su abuela les ha hecho alguna vez una pizza?) y deliberadamente programan sus máquinas en busca de la irregularidad en las formas de la masa y en la colocación de los trozos de jamón, para dar esa sensación de preparación “casera”, incompatible con la lógica industrial.

Por eso quizás ahora también empecemos a buscar la “personalidad” tipográfica rechazando la posibilidad de que un cáracter del alfabeto tan solo pueda ser representado por un “glifo” único. En un mundo absolutamente informatizado donde cualquier elemento puede ser previsto, sin error posible, las formas aleatorias de Beowolf representan esa necesidad latente de reconciliarnos con la imprecisión y la individualidad, aplicando a la invariable exactitud digital algo del azar del Universo que la tecnología, a veces en vano, ha luchado siempre por reconducir. Igual no es tan mala idea volver a recurrir a cierta arbitrariedad en el uso tipográfico, para reencontrarnos con nuestra falible naturaleza. Algo que nos recuerde que los periódicos nunca serán leidos por máquinas y que, en todo caso, nunca deberían ser diseñados totalmente por ellas.

Quién sabe. Puede que el retorno de Beowolf sea el aviso de que ha llegado la hora de darle a la tipografía un toque humano.

Bruce Springsteen. “Human Touch”, 1992.

(O simplemente, de que los 90 regresan con fuerza, y ¡por fin es viernes!…buen fin de semana)😉

6 comentarios»

  Vuarnet wrote @

Excelente entrada y muy ilustrativa.

Gracias.

  mina2 wrote @

Muy buen retrato tipográfico y mejor artículo.
¿Alguien dijo?
Creíamos que el diseño periodístico cambiaría el mundo. Pero ahora nos lo estamos pensando.

Pensad, chicos, pensad.

N.A.

  Jeky wrote @

Fabulosa entrada, muy amena e interesante.

  Xav wrote @

No tenía ni idea.
Me parece curioso, pero solo en casos puntuales pare que sea interesante una randomfont.
Saludos.

  tipos aleatorios « Graficaelena’s Blog wrote @

[…] Marzo 7, 2009 por graficaelena como estamos viendo cuestiones tipográficas, os dejo un enlace a este tipo de proyectos de tipografías aleatorias que buscan precisamente romper las reglas y experimentar https://cuatrotipos.wordpress.com/2007/12/14/beowolf-o-el-retorno-de-la-tipografia-aleatoria/ […]

  Videos y Programa « Tipografia III Expresiva wrote @

[…] Video que muestra la Randomfont Beowolf en Cuatro tipos (hacia la mitad del […]


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