CuatroTipos

Diseño periodístico y más.

Soltesz, Flora, Ibáñez.

TGorria. No sabemos quien se inspiró en quien, ni siquiera que hubiera algun tipo de inspiración, aunque parece probable que si asi fuera, por una simple cuestión cronólogica el orden fuera el que se sugiere en el título de este post. La cuestión es que cuando descrubrí, gracias al amigo (y sin embargo, compañero) Javi Pérez el sorprendente trabajo de Frank Soltesz, verdadero pionero de la infografía, algo me resultaba extrañamente familiar en la composición de esas casas transparentes, en las que se veía el interior de las habitaciones y la vida que bullía allí dentro.

Pero no fue hasta que ayer que descubrí una ilustración que no conocia del ya referenciado (y reverenciado, je) en Cuatrotipos Jim Flora cuando todo cobró sentido y se me apareció la imagen de aquello que me resultaba tan familiar, una de las cumbres del tebeo español, la última página del Tiovivo de Bruguera, esa finca tan entrañable sita en la calle del Percebe, numero 13. Ibáñez en estado puro. De este modo, un triángulo se cerraba: Frank Soltsez, James Flora, Francisco Ibáñez.

No sé si puede decirse que Frank Soltesz fuera el inventor de este modo tan gráfico (mejor, tan infográfico) de representar las estructuras de los edificios, lo que si podemos sospechar es que Flora conocía su trabajo cuando hacia principios de los sesenta ilustró para la mítica revista Life de esta manera tan impecable este artículo sobre un hotel de Nueva York (haced clic para ampliarlo, vale la pena) o esta otra impagable ilustración sobre el futuro publicado también en la versión española de la misma revista y que sigue el mismo esquema que la anterior (no os perdáis esta galería de papelcontinuo sobre el mismo).

Y es más que probable (la tira de Ibáñez se publicó por primera vez en 1961, y los trabajos en Life de Flora son de principios de los sesenta) que el autor de Mortadelo y Filemón conociera el trabajo del ilustrador americano, pero aunque fuera así, esto no restaría ningún mérito a Ibáñez.

No soy un experto en casi nada, pero de vez en cuando resulta gratificante descubrir este tipo de relaciones, sobre todo cuando tienen que ver con una parte importante de la memoria personal de uno. 13 rue del percebe (ver referencia en wikipedia) fue durante buena parte de mi infancia una cita semanal con el ingenio y el buen humor, (¿recuerdan ustedes aquello de Increible, pero mentira?) no exento de mala leche y ácida crónica social, en unos momentos de dificultades para la expresión libre.

Aunque posiblemente, más allá de inspiraciones y homenajes, en el origen de la atracción de estas soluciones gráficas y comunicativas esté en la vieja afición por fisgonear en la vida de los demás, vamos, lo que viene siendo el voyeurismo social, ejemplificado tan elocuentemente en La ventana indiscreta, una solución cinematográfica emparentada también, de algún modo, con estos muros transparentes de Soltsez, Flora, Ibáñez, (y ahora Hitchcock).

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