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Archivo para mayo 23, 2008

IHT: No logo

La cabecera de IHT, hasta hace dos días.

HerminioJF.-Tras 142 años de historia, el International Herald Tribune cambió este miércoles 21 de mayo su peculiar cabecera para dejar de incluir su característica ilustración. Con la breve y sumaria concisión con la que se comunica un despido procedente, el editor explica, (bueno, no explica) el cambio en apenas 6 líneas. En el comunicado se insiste en la necesidad de vincular directamente la imagen del IHT, que se edita en París, con su periódico “madre”, el New York Times.

…la nueva cabecera, desde el pasado miércoles.

Nacido cuando el tránsito de información intercontinental era un proceso lento y complejo, el International Herald Tribune es en gran medida un vestigio anacrónico de la edad dorada del periodismo, la punta de lanza en Europa del proclamado tácitamente como mejor periódico del mundo. Hoy abjura de su velada independencia y prefiere ser reconocido como “La edición global del New York Times”, un periódico que si bien vive los efectos del declive de la prensa diaria estadounidense, se encuentra en plena forma en su edición web, convirtiéndose, ahora sí, realmente en un diario global que ya no necesita de “heraldos” en Europa para influir en los grandes centros de decisión internacionales.

El logo anterior.

El nuevo.

Cosas del márketing global. “International Herald Tribune” es una marca imprecisa y desconocida, que a pesar de que se encuentra a primera hora en los kioskos más céntricos de las grandes ciudades, quizás solo sea valorada y reconocible en España para la alta diplomacia, la recepción de los hoteles de 5 estrellas gran lujo y Jose María Carrascal, que tenía costumbre de leer tartamudeante su portada al terminar su mítico informativo nocturno de los 90 en Antena 3, ya saben, “al filo de la medianoche”. Sin embargo cualquier persona, desde Tahití al Valle de Arán, aún con escasa formación, conoce la marca “New York Times” y le atribuye los valores de rigor, seriedad y periodismo de alta calidad, aunque nunca haya tenido físicamente en sus manos un ejemplar. Así que por el camino la globalización se ha cobrado una nueva víctima, que bien puede apuntar a su listado Naomi Klein.

El logo tradicional, que fue reformado en el rediseño de IHT de 2004.

El nuevo logo, que solo ha durado cuatro años.

Repleto de alegorías, Robb Mongomery nos da algunas claves del logo del peculiar IHT que ya nunca más verán los kioskos: “Este logo apareció en 1866 por primera vez en el New York Tribune que acabaría convertido en el International Herald Tribune”. A lo largo de su historia sufriría diversas modificaciones y actualizaciones, incluyendo imágenes simbólicas de todo tipo como pirámides, camellos, un buey que tira un arado, un puente, un reloj de arena “y una águila imperial sobre un reloj que marca las 6:12 horas, por motivos desconocidos”. Es curioso explorar en las diferencias y descubrir los cambios que se realizaron en 2004: las chimeneas industriales humeantes se vuelven ecológicas, el tren a vapor es sustituido por un tren a lo AVE y emerge entre las nubes un más contemporáneo avión a reacción.

José María Carrascal, el hombre que nos dio a conocer el International Herald Tribune a toda una generación, en uno de sus entrañables informativos de la época en la que en A3 rara vez entraba un vídeo bien (1995).

Enlazando con el post que ha escrito Tomás Gorría a continuación de estas líneas, “tempus fugit”. Desaparece un trocito, siquiera pequeño, de nuestra imaginería visual, aunque esta vez sea en el más escueto campo del periodismo impreso. Descanse en paz.

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Letras de un paisaje

TGorria. Soy aficionado a bucear entre las imágenes antiguas de mi ciudad, y para ello, Internet ha sido una herramienta estupenda, como muestra esta imagen (haced clic y ampliar, vale la pena) de una vista nocturna de la plaza del Ayuntamiento, de datación desconocida. Como en ésta, en las fotografías de la Valencia del XIX o del XX se pueden ver algunos rótulos que formaron parte del paisaje urbano que ya han desaparecido, como algunos viandantes o algunos edificios. La vida es así, tempus fugit. El paso del tiempo hace ver las cosas con cierta distancia, y a pesar del impulso conservacionista que mueve a intentar preservar ciertas cosas, la constatación de que todo pasa, también nos contagia de cierta melancolía. Por otra parte, tampoco hay que confundir la percepción personal de la cosas, con su importancia intersubjetiva, es decir social.

El hecho de que a mi me resulte importante que un rótulo comercial, que ha formado parte del paisaje urbano de la ciudad y de la memoria colectiva de sus habitantes durante más de medio siglo, desaparezca sin que medie ningún gesto de recuerdo, ningun colectivo dispuesto a salvarlo, ningún artículo póstumo, tampoco quiere decir que sea relevante. Este es el caso de la imagen que encabeza este párrafo, que casualmente pude componer al coincidir dos fotos y un mismo encuadre, con pocos meses de diferencia (la foto de la derecha esta tomada hace unos días). Se trata de la plaza de España, en Valencia.

Pero lo preocupante es que va siendo recurrente, (eso debe ser un problema de la edad). Voy añadiendo fotos a mi pequeña colección de fotos de tipos fantasmales, es decir de tipografía urbana desaparecida y en el limbo de los rótulos. Un rótulo de Refugio en la calle Gobernador Viejo, los fantásticos letreros de la casa Barrachina, el cartel entero (ahora permanece desvencijado) del Taller Precisión, en la plaza del Collado…, pero todavía me reconcome aquella foto que no hice. Creo que era en la calle Castellón, un rotundo rótulo en Futura Black que rezaba: Unión Tipográfica. El rótulo perfecto. Cuando fui a fotografiarlo, ya había desaparecido, aunque todavía quedaba el rastro de su presencia. Una verdadera lástima. Quizás exista alguna vieja fotografía, olvidada en una caja de zapatos, quién sabe, unas falleras posando y el rótulo detrás, los trabajadores de la imprenta (supongo que se trataba de eso, de una imprenta) posando orgullosos de su oficio bajo el rótulo…, quien sabe.

Por eso la magia de la fotografía es imprescindible. A algunos la mitad de esta foto de la Plaza de España les traerá buenos recuerdos, cuando paseaban de la mano de sus padres y la descubrieron allá en lo alto, o a los vecinos y paseantes que la convertían en su referente cotidiano. A otros, hoy, la otra mitad nos produce melancolía, qué se le va a hacer.

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